Hoy tengo tres hijos hermosos, sureños de estas tierras de las Carolinas, y a mi lado está el amor de mi vida, mi esposa Edimar.
He fotografiado bodas de parejas latinas y norteamericanas, quinceañeras, restaurantes y food trucks. He apoyado a emprendedores a salir adelante, y yo mismo tuve mi propio food truck. Pero para entender por qué hago todo esto, hay que volver mucho más atrás.
Desde pequeño venía a Estados Unidos de visita. Conocía las ciudades principales, había pasado por decenas de aeropuertos, había comido a lo largo y ancho de este país. Y hay un recuerdo que tengo grabado como si fuera ayer.
Tenía 22 años. Iba de paso hacia Nueva York, y en esa escala conocí Charlotte por primera vez. De ahí subí a las montañas a hacer snowboard, era diciembre. Cuando llegué a Nueva York me pareció hermosa: una ciudad acelerada, de locos, con una gastronomía enorme. Hice ahí algo que amo, fotografía de calle, y visité la Estatua de la Libertad. Pero mi mente se quedó en Charlotte.
Nunca en mi vida pensé en emigrar. Pero si alguna vez lo hacía, siempre dije lo mismo: sería a Estados Unidos, y me encantaría vivir en Charlotte.
¿Por qué? Charlotte y las Carolinas tienen una mezcla de mi país. Montañas, ríos, lagos, playas, nieve, cuatro estaciones bien marcadas. La infraestructura no se parece en nada, pero en la vida cotidiana encontré, en dos estados que comparten el mismo nombre, casi todo lo que tenía mi tierra.
Llevo ocho años viviendo aquí. He visto crecer a mis hijos y a mi negocio. He cosechado amistades y he perdido otras. Tengo el privilegio de vivir bajo el mismo cielo que mis padres, y bajo ese mismo cielo hoy estoy con mi esposa y mis hijos.
En honor a estas tierras que me lo dieron todo, tomé una decisión: hacer algo que nunca pude hacer en mi propio país. Recorrerlas. Estudiar su cultura, su historia, su gastronomía. Ayudar a quienes todavía no saben si vivir aquí es una buena opción. Ayudar a otros a encontrar, no el mejor restaurante, sino el indicado para la experiencia que quieren vivir.
Para ser buenos ciudadanos de la tierra donde vivimos, tenemos que conocerla, honrarla y respetarla. Aquí hay mucha riqueza, mucha historia, mucha gastronomía, paisajes espectaculares y atardeceres que merecen ser fotografiados y contados. Quiero ayudar a que la gente viva las Carolinas como se lo merecen.
Por eso decidí darle un giro a lo que hago, sin dejar de ser lo que hizo que muchos me conocieran: fotógrafo. Una carrera que nació aquí, en este país, por necesidad, buscando tiempo para hacer algo que amo. Entre tantos caminos, decidí sumar algo que me apasiona dentro del arte audiovisual: el documentalismo. Como herramienta de storytelling para dar a conocer esta tierra, me parece poderosa y trascendental. Si en los últimos meses me has visto haciendo algo distinto, es esto.
Quiero construir mi marca personal como documentalista gastronómico y cultural de estos estados, para dar a conocer estas tierras a quien ya vive aquí o está pensando en hacerlo. Sin dejar nunca de lado mis servicios: seguir ayudando, en el camino, a cada negocio, marca o persona que quiera darle una imagen profesional a lo que construye.
Esto es lo más importante para mí: dejar un legado. Que las próximas generaciones respeten, preserven y den a conocer la cultura sureña, y la lleven como bandera de vida y forma de ser.
Y por supuesto, jamás dejará de importarme congelar momentos: los de una boda, unos quince años, un negocio que empieza. Simplemente ahora también quiero que esas imágenes, las de tu negocio, tu marca o tu restaurante, lleven un sello de contenido de calidad, y mostrar lo lindo que es cuando respetamos lo que fotografiamos.
Esta es la primera entrada de este espacio. Las que vienen van a hablar de comida, de bodas, y de esta tierra que hoy es mi casa.
— Carlos Soto PH